KEW GARDENS, LONDON:
Strategic Priority 1
To document and conduct research into global plant and fungal diversity and its uses for humanity.
Strategic Priority 2
To curate and provide data-rich evidence from Kew’s unrivalled collections as a global asset for scientific research.
Strategic Priority 3
To disseminate our scientific knowledge of plants and fungi, maximising its impact in science, education, conservation policy and management
https://www.youtube.com/watch?v=g4-EkRL-J2M
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sábado, 1 de outubro de 2016
sábado, 29 de agosto de 2015
sexta-feira, 28 de agosto de 2015
sábado, 18 de julho de 2015
Jardim Botânico de Singapura: Património Mundial da UNESCO!
No passado dia 4 de Julho na 39ª sessão do Comité Mundial do Património em Bona, o Jardim Botânico de Singapura foi classificado Património Mundial da Humanidade. Parabéns!
Para saber mais sobre este Jardim Botânico visite: www.sbg.org.sg
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segunda-feira, 22 de setembro de 2014
"A origem dos jardins nas civilizações do Livro"
A Fundação Calouste Gulbenkian, na sequência do ciclo de conversas sobre "A origem dos jardins nas civilizações do Livro", vai organizar, aos sábados, o ciclo " A origem do jardim - mito ou realidade", com o preço de 5€ por sessão de cerca de 90 minutos, para maiores de 16 anos. O ponto de encontro será no hall da Fundação.
Datas:
4 Out. 2014 - sáb. - 17:30 - O jardim nas culturas ameríndias
18 Out - 16:45 - O jardim nas culturas orientais
8 Nov. - 16:45 - O jardim nas culturas africanas
Foto: Sri Lanka, Jardim Botânico de Kandy
sexta-feira, 11 de julho de 2014
O exemplo de Paris: Jardin des Plantes
Exemplo de telas e sinalética de exposições no Museu Nacional de História Natural de Paris e Jardin des Plantes. Um dos portões de entrada, suporte para cartazes dentro do jardim e sinalética temporária da nova "Galerie de Botanique du Muséum». Fotografias da primeira semana de Junho de 2014 enviadas por um nosso associado.
terça-feira, 26 de novembro de 2013
«La nuestra es una cultura poco permeada por las ciencias naturales»
«MUNDOS BOTÁNICOS» por ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Para las personas de imaginación aventurera pero de carácter perezoso el mejor sustituto de las expediciones novelescas que no llegarán a hacer nunca son las visitas a los jardines botánicos, más que los libros de viajes. Sin duda hay un placer extraordinario en leer las aventuras de Shackleton en la Antártida, o el diario del capitán Franklin en los hielos del Ártico, o seguir en una buena biografía los itinerarios del capitán Cook, que llegó a Tahití cuando parecía el paraíso terrenal y avanzó mucho más al sur de lo que se había atrevido nadie, vislumbrando entre nieblas de tormenta los acantilados antárticos, o caminar por las soledades de la Patagonia o de los desiertos de Australia en las páginas de Bruce Chatwin. Pero el contraste entre el nomadismo esforzado de los relatos y el confort de la lectura es demasiado grande como para dejarle a uno la conciencia tranquila, y después de todo leer es una tarea demasiado sedentaria y demasiado intelectual, que debe ser compensada de inmediato con el ejercicio físico, para evitar ese peligro de desequilibrio entre la vida real y los mundos de los libros del que fue tan consciente Cervantes.
Un buen jardín botánico es la solución perfecta. Los árboles de los trópicos o los del Himalaya o los de las islas del Pacífico se ofrecen a la mirada y al tacto de uno y le regalan su exotismo, sin la penosa servidumbre de los animales en las jaulas tristísimas de los zoológicos, y desde luego sin los padecimientos pavorosos del explorador que se abre paso entre los pantanos y los mosquitos de una jungla, o el que se juega la vida escalando una montaña. En un botánico, a diferencia de en la naturaleza, cada árbol y cada planta tienen un letrero con su nombre científico y su nombre vulgar, lo cual es un placer para quien disfruta de la sonoridad de los bellos nombres latinos y un alivio para el aficionado ansioso que no sabe ver de verdad una planta o un pájaro si no puede nombrarlos. El problema es más grave en la literatura en español, y quizás más todavía la española, en la que la naturaleza, con raras excepciones, tiene una presencia vaga y general o directamente no existe. Nosotros no hemos tenido un Wordsworth, un Thoreau, un Robert Frost, un William Carlos Williams que celebren con precisión de naturalistas la riqueza botánica del mundo. Tenemos, desde luego, a Antonio Machado, a Miguel Delibes, a José Antonio Muñoz Rojas, pero la nuestra es en general una cultura poco permeada por las ciencias naturales, en la que cualquier referencia no alegórica o despectiva al campo, a los paisajes, a los jardines, queda cancelada por el miedo a la cursilería, o peor aún, al costumbrismo rural.
Hablo por experiencia propia. Yo creo que no me fijé de verdad en una planta hasta pasados los cuarenta años. Por miedo a parecer paletos, los fugitivos del campo cultivábamos con vehemencia el esnobismo de lo urbano. Era parte de esa negación algo neurótica del pasado que suele afectar a sociedades que se modernizan tardía y atolondradamente, y destruyen y malvenden a cambio de baratijas lo más valioso de su patrimonio popular. Por fortuna, los jardines botánicos, como algunas obras maestras de la literatura, no se dejan afectar por las tonterías de las modas culturales, y esperan con paciencia a que uno llegue a la madurez necesaria para disfrutarlos. El tiempo de los árboles es más lento y mucho más largo que el de las vidas humanas. Los científicos y los jardineros que los cuidan están menos sujetos a las veleidades del gusto que los artistas o los literatos, menos ansiosos por halagar al público. Los jardines botánicos tienen el mismo origen ilustrado que los museos nacionales, que las bibliotecas públicas y que las instituciones públicas de enseñanza. Como nacieron en la época en la que el conocimiento formaba parte del impulso general de la emancipación humana, y en el que la curiosidad científica era uno de los placeres de la imaginación, los jardines botánicos son simultáneamente lugares de investigación y de recreo, parques públicos y laboratorios, espacios de retiro y centros de enseñanza. En un país tan arboricida y tan poco hospitalario para el saber como España, cada vez que uno entra a un jardín botánico le dan ganas de pedir asilo político.
En el Botánico de Madrid hay una armonía geométrica de parque francés del siglo XVIII. La primera vez que entra al de Lisboa el visitante novelero siente enseguida que se sumerge en un bosque, en una selva tupida pero también apacible, con dragos de Madeira y araucarias y casuarinas gigantes de Australia y Nueva Zelanda, con palmeras altísimas que oscilan como mecidas por un viento del Pacífico. El Botánico de Madrid es plano y de ángulos rectos: el de Lisboa está en cuesta, y sus senderos son sinuosos, de manera que las perspectivas están cambiando siempre, y hay momentos en los que uno se encuentra completamente rodeado por una vegetación tan densa como la que atravesaban a machetazos los exploradores de los antiguos libros de viajes. En el Botánico de Lisboa, cuando el viento ha arreciado, el rumor poderoso de los árboles borra por completo los ruidos de la ciudad. Salgo de él al cabo de una visita de una hora y es como si volviera de un retiro en una montaña y de una expedición.
Fernando Pessoa escribió que se bajaba del tranvía después de un breve trayecto con el mareo de un viaje al otro lado del mundo. El viaje más exótico de mi vida, y también uno de los más confortables, lo he hecho yo en poco más de un cuarto de hora, en el tranvía número 15, entre la parada de la Praça do Comércio y la de Belém, que me ha dejado a unos pasos del Jardim Tropical, una mañana de domingo entre soleada y nubosa, en este clima que es lo bastante húmedo y lo bastante templado para que prosperen en él plantas que no resistirían los inviernos de Madrid. En el Jardim Tropical hay ficus australianos de cortezas como lomos de paquidermos, de extrañas ramas que cuelgan como estalactitas, de sistemas de raíces que se hunden en la tierra como vastas copas invertidas; hay pavos reales y grandes gallos portugueses de porte arrogante y cresta roja; hay invernaderos abandonados que parecen ruinas de puestos coloniales devoradas por la selva; hay pérgolas con azulejos de tigres, de leones, de elefantes y de gacelas; hay pórticos con tejadillos chinos que dan paso a jardines secretos en los que crecen árboles de Macao y de Goa; hay palmeras decapitadas como columnas de templos emergiendo en la jungla; hay un palacio de amplias estancias sucesivas donde se guardan tesoros cartográficos de la época colonial, anaqueles con muestras de semillas, láminas de plantas disecadas, estanterías de una xiloteca en la que en vez de libros se guardan ordenadas más de tres mil muestras de maderas. En la luz cambiante, en el sol y el nublado, el bosque era unas veces umbrío y otras luminoso. De vez en cuando me cruzaba con alguien tan hechizado como yo. De un botánico así se salen con ganas de escribir un libro de viajes. in El País, 20 Novembro 2013
segunda-feira, 30 de setembro de 2013
CHELSEA PHYSIC GARDEN: Sobreiro!
Quem imaginaria um belo sobreiro em pleno centro de Londres! É uma das "estrelas" deste histórico Jardim Botânico de Londres.
domingo, 29 de setembro de 2013
CHELSEA PHYSIC GARDEN: Jovens Jardineiros!
Por todo o jardim se vêm jovens e energéticos jardineiros a trabalharem - por isso é que o jardim está num "invejável" e belo estado de conservação . Não podemos deixar de mostrar grande preocupação pela crónica falta de jardineiros de que padece o nosso Jardim Botânico há várias décadas - o último jardineiro que restava nos quadros, estará reformado num final de 2013. É possível ter um jardim sem jardineiros?
terça-feira, 11 de setembro de 2012
No Jardim Botânico de Zurique - HANS SCHINZ: «O Homem Tem de Coleccionar Tudo»
Antigo Jardim Botânico de Zurique - Museu de Etnologia - Exposição: «O Homem Tem de Coleccionar Tudo - O Botânico Hans Schinz de Zurique e a sua Colecção Etnografica do Sudoeste de África».
Jardim Botânico de Zurique, fundado em 1837 e pertencente ainda hoje à Universidade de Zurique, está sediado o Museu de Etnologia. Desde o dia 1 de Junho deste ano que está patente uma exposição dedicada ao botânico suiço Hans Schinz, mais precisamente à coleção por ele recolhida no Sudoeste de África.
Poucos anos após a abertura do Jardim Botânico de Zurique, Hans Schinz fundou o primeiro Museu Botânico, sendo ele o primeiro Director da instituição. Com a inauguração, em 1979, de um novo Jardim Botânico, o antigo edifício do Museu Botânico passou a albergar o Museu de Etnologia da Universidade de Zurique. Por ocasião dos 175 anos do antigo Jardim Botânico foi decidido apresentar esta mostra da colecção de Hans Schinz.
No início da sua carreira, de 1884 a 1887, Hans Scinz participou em várias expedições científicas ao sul do continente africano, nomeadamente à actual Namíbía. A procura de plantas com interesse económico era uma das missões das viagens. Mas para além de documentar, e recolher, de forma quase obsessiva, o mundo Botânico, Schinz também fez levantamentos na área da zoologia, etnografia e antropologia. Coleccionar era uma actividade irresistível para este homem de ciência: Hans Schinz acabou por transportar para Zurique mais de 200 objectos etnograficos de África.
A Universidade de Zurique, com a ajuda dos seus estudantes, criou assim esta exposição «MAN MUSS EBEN ALLES SAMMELN» (O Homem Tem de Coleccionar Tudo). Esta prática do colecionismo no século XIX é apresentada de forma crítica nesta exposição do património etnográfico de Hans Schinz. Numa carta dirigida á sua mãe, Schinz escreveu que desejava colecionar «tudo». Mas o que era «tudo» para Hans Schinz? E como é que Schinz colecionou «tudo»? E é possível, e aceitável, colecionar «tudo»? Esta exposição, e o respectivo catálogo publicado, analisam também estas questões. A exposição estará patente até ao dia 3 de Março de 2013.
Para mais informações consultar: www.musethno.uzh.ch
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quinta-feira, 6 de setembro de 2012
O exemplo de Zurique: Alter Botanischer Garten
Imagens do primeiro Jardim Botânico de Zurique, criado numa colina no centro da cidade em 1837. Foi o Jardim Botânico da Universidade de Zurique até 1976 altura em que se mudou para um novo local onde ainda hoje se encontra. No entanto, o antigo Jardim - Alter Botanischer Garten - continua a ser gerido pela Universidade e está aberto ao público (entrada gratuita). O visitante tem ao seu dispôr um Instituto de Botânica com Bibiloteca, salas de exposições, cafetaria, loja e instalações sanitárias. Existe ainda uma pequena Estufa de Exibição histórica. O Jardim oferece muitos recantos para descansar e apreciar a flora local e exótica (reparar no jovem exemplar de Araucaria araucana ainda inexistente na colecção viva do nosso Jardim em Lisboa). Apesar da sua vertente de recreio, o visitante encontra por todo este Jardim placas e paineis com a informação que se espera de um Jardim Botânico.
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